El sol se opaca
al encontrarse con tu luz.
El día empieza a caer
mientras mi cuerpo despierta
sólo con verte.
Tu brazo apunta hacia arriba
imitando la reacción de mi corazón
de mi cuerpo
de mi alma
al contemplarte.
El mar te mira
Se acerca sigilosamente a ti
Te besa los pies y se excita
Sube por tus piernas y siente morir de placer
Llega a tus nalgas y eyacula
Jamás el mar había tenido tanta espuma...
Te seré sincero.
Qusiera ser:
La luz de tus ojos.
La inspiración de tus sueños.
El aliento de tu respiración.
El alimento de tu alma.
Tu razón de existir.
Ahora te seré más sincero.
Más que todo lo anterior
Quisiera ser:
El padre de tus hijos.
Firmeza, como en las rocas.
Como en las convicciones profundas.
Como en el acero, el hierro y el bronce.
Como en mi deseo por ti.
Como en tus nalgas redondas, grandes, perfectas, que desafían la realidad.
¿Cómo no recordarte?
¿Cómo no recordar la perfección de tus curvas?
¿Cómo no recordar la profundidad de tu mirada?
¿Cómo no recordar las llamas en tu sonrisa y en tus labios?
¿Cómo no recordar tu voz de nube?
¿Cómo no recordar tu cabello de cascada?
Ojalá todo esto me lleve un día a ganar... a ganarte.
Tu silueta inunda las redes.
Tu silueta inunda mis sueños.
Tu silueta resume la perfección que no encuentro en ningún otro lado.
Tu silueta contiene el nacimiento de mi admiración.
De mi ensoñación.
De mi inspiración.
Fresca como el sol de la mañana, como el agua que limpia mis deseos por ti, como la vida que te alimenta, como tu cuerpo perfecto, como mis sueños húmedos de cada noche cuando te pienso. Fresca como la esperanza de verte un día, de esuchar tu voz. Fresca como sólo tú puedes ser.
Me tienes de cabeza. Te pienso, te deseo, te amo. Has puesto mi mundo de cabeza. Lo que era ya no lo soy. Volteaste mi realidad. No soy el mismo. Me tienes de cabeza.
Soy tu espejo. Te miro de frente y enloquezco. De frente puedo ver tu sonrisa inigualable, tus ojos con brillo de oro, tus labios de rubí acaramelado, tus senos como soles encendidos, tu mirada que sabe que todo lo conquista.
Pero por favor, amor, date la vuelta.
Las montañas se rinden ante la magnificiencia de tu cuerpo, de tu rostro, de tu sonrisa, de tu presencia. Igual que yo. Eres más grande que las montañas, más grande que mis sueños, más grande que la grandeza. Pero nunca más grande que mi deseo por ti. Que mi deseo por descubrir, escalar y morir en tus montañas.